Saturday, July 15, 2006
El último caballo (1950) Edgar Neville
Muy buena comedia de 86 minutos de duración, que recibió el premio del Festival de Cannes de 1950. Sus interpretes son: Fernando Fernán-Gómez, Conchita Montes y José Luis Ozores. Edgar Neville, guionista de la película además de director, que con ese nombre tan raro parece un español adoptivo, era madrileño, hijo de un ingeniero inglés y de la Condesa de Berlanga de Duero, título que él heredaría. Aparte de director y guionista de cine, fue novelista, dramaturgo, pintor, gastrónomo y humorista; también diplomático y miembro de la selección española de hockey. Quiero ser como Edgar Neville, que hay vidas que dan para todo. Siendo diplomático en Los Ángeles, aprovecharía bien la estancia para hacerse amigo de Mary Pickford, Douglas Fairbanks y Charles Chaplin, y trabajar en Hollywood como dialoguista de las versiones españolas de las películas. A Charlot dedicaría la novela "Don Clorato de Potasa: andanzas de un hombre que se reía mucho de todo" (1929). Él le permitió filmar fragmentos del rodaje de Luces de la ciudad. Edgar Neville es considerado miembro de “la otra generación del 27” junto a Ramón Gómez de la Serna y Jardiel Poncela
Esta introducción me ha parecido necesaria para situar una película tan rara, por lo buena, en la España de 1950, que solo se explica por la biografía de un director personalísimo.
Imaginemos que una noche de 1949, al salir de la Ópera el Conde de Berlanga de Duero y tomar su coche para volver a casa se encontró con que su chofer había enfermado gravemente y no podía conducir. Al intentar conducir él mismo siguiendo las indicaciones del cochero, que se retorcía en el asiento de al lado por lo que seguramente eran unas fiebres tifoideas, el Conde fue incapaz de mover el coche, un Hispano Suizo, ni un solo centímetro del lugar en el que estaba estacionado. Allí se le pasaron las horas, furioso y despotricando del mundo moderno que creaba unos cacharros imposibles de manejar, y añorando el mundo antiguo en el que todo lo que se movía tenía sangre caliente. Sus gritos contra la vida moderna: "¡Abajo los camiones! ¡Coches a la cárcel! ¡Que se supriman los coches y camiones!" (1), resonaron en el empedrado del Madrid de los Austrias. Llegado el amanecer vió que en el acera de enfrente abría un taberna y hacia allá se fue dejando al probre chofer, agonizando de dolor, a cargo de la portera del edificio de al lado. En la taberna se juntó con un arriero que añoraba sus años mozos arreando mulas y juntos brindaron con aguardiente por la Ley Seca y por el mundo antiguo, hasta caer borrachos. En resumen, que lo único bueno de aquella noche fue que entre sus improperios, los gritos de dolor del chofer y la conversación con el arriero, en el cerebro del Conde de Berlanga de Duero se fue gestando la idea de la que sería su próxima película. Dos días después, cuando pasó la resaca, Neville llamó a Isabel Vigiola (la mujer de Mingote que fue su secretaria) para que se presentara rápidamente en su casa. Allí le redactó en unas cuantas horas el guión completo de El último caballo. Dicen que el argumento lo había soñado aquella misma noche, pero la verdad es, ni más ni menos, la que acabo de contar.
Es de notar que la película empieza con algunas imágenes de Alcalá de Henares que bien merecen el repaso de alguno que por allí vive...
Un poco de lo que se ha dicho en es.rec.cine:
"Que yo sepa sólo está editada "El Ultimo Caballo", hija de la pasión de Neville por el cine italiano, con alguna influencia de corte neorrealista (aunque más del neorrealismo "rosa" que del estricto) . No es tan genial como las otras que te he mencionado desde mi punto de vista, pero sin duda es una buena película, y merece la pena verla. Está a 15 euros" (Acege, es.rec.cine, 16 de enero del 2005)
"El último caballo" (1950), entrañable comedia de tintes neorrealistas" (Rafa Morata, es.rec.cine, 2 de octubre del 2004) "su estilo cinematográfico era esencialmente fluido y directo, con una especial habilidad para la puesta en escena y un excelente tratamiento del hecho de interpretar. No en balde, no podía desentenderse de su formación teatral. Marginado, sin embargo, por no cumplir casi con las obligaciones temáticas del momento, Edgar Nevile continuó siempre inalterable en su concepción creativa, ajeno a los demás y eternamente fiel a los grandes amores de su vida: la literatura, el cine y Conchita Montes, la musa, mujer y actriz de la mayoría de sus títulos". (Rafa Morata, la misma fecha anterior)
Para mi es una de las mejores películas cómicas españolas. No tiene la rapidez intrépida de Atraco a las tres, pero es igualmente entrañable y está tan bien hecha. Al principio chirrían un poco las interpretaciones teatrales, como hieráticas, pero conforme avanza la cinta los actores entran cada vez más en su papel y se les nota sueltos y naturales. Entonces la acción y los jugosos y divertidos diálogos se imponen y te entregas al placer de disfrutar de lo que ves, así pasas un magnífico rato con un jovencito Fernando Fernan Gómez.
(1) Frases sacadsas de los diálogos de la película.
Esta introducción me ha parecido necesaria para situar una película tan rara, por lo buena, en la España de 1950, que solo se explica por la biografía de un director personalísimo.
Imaginemos que una noche de 1949, al salir de la Ópera el Conde de Berlanga de Duero y tomar su coche para volver a casa se encontró con que su chofer había enfermado gravemente y no podía conducir. Al intentar conducir él mismo siguiendo las indicaciones del cochero, que se retorcía en el asiento de al lado por lo que seguramente eran unas fiebres tifoideas, el Conde fue incapaz de mover el coche, un Hispano Suizo, ni un solo centímetro del lugar en el que estaba estacionado. Allí se le pasaron las horas, furioso y despotricando del mundo moderno que creaba unos cacharros imposibles de manejar, y añorando el mundo antiguo en el que todo lo que se movía tenía sangre caliente. Sus gritos contra la vida moderna: "¡Abajo los camiones! ¡Coches a la cárcel! ¡Que se supriman los coches y camiones!" (1), resonaron en el empedrado del Madrid de los Austrias. Llegado el amanecer vió que en el acera de enfrente abría un taberna y hacia allá se fue dejando al probre chofer, agonizando de dolor, a cargo de la portera del edificio de al lado. En la taberna se juntó con un arriero que añoraba sus años mozos arreando mulas y juntos brindaron con aguardiente por la Ley Seca y por el mundo antiguo, hasta caer borrachos. En resumen, que lo único bueno de aquella noche fue que entre sus improperios, los gritos de dolor del chofer y la conversación con el arriero, en el cerebro del Conde de Berlanga de Duero se fue gestando la idea de la que sería su próxima película. Dos días después, cuando pasó la resaca, Neville llamó a Isabel Vigiola (la mujer de Mingote que fue su secretaria) para que se presentara rápidamente en su casa. Allí le redactó en unas cuantas horas el guión completo de El último caballo. Dicen que el argumento lo había soñado aquella misma noche, pero la verdad es, ni más ni menos, la que acabo de contar.
Es de notar que la película empieza con algunas imágenes de Alcalá de Henares que bien merecen el repaso de alguno que por allí vive...
Un poco de lo que se ha dicho en es.rec.cine:
"Que yo sepa sólo está editada "El Ultimo Caballo", hija de la pasión de Neville por el cine italiano, con alguna influencia de corte neorrealista (aunque más del neorrealismo "rosa" que del estricto) . No es tan genial como las otras que te he mencionado desde mi punto de vista, pero sin duda es una buena película, y merece la pena verla. Está a 15 euros" (Acege, es.rec.cine, 16 de enero del 2005)
"El último caballo" (1950), entrañable comedia de tintes neorrealistas" (Rafa Morata, es.rec.cine, 2 de octubre del 2004) "su estilo cinematográfico era esencialmente fluido y directo, con una especial habilidad para la puesta en escena y un excelente tratamiento del hecho de interpretar. No en balde, no podía desentenderse de su formación teatral. Marginado, sin embargo, por no cumplir casi con las obligaciones temáticas del momento, Edgar Nevile continuó siempre inalterable en su concepción creativa, ajeno a los demás y eternamente fiel a los grandes amores de su vida: la literatura, el cine y Conchita Montes, la musa, mujer y actriz de la mayoría de sus títulos". (Rafa Morata, la misma fecha anterior)
Para mi es una de las mejores películas cómicas españolas. No tiene la rapidez intrépida de Atraco a las tres, pero es igualmente entrañable y está tan bien hecha. Al principio chirrían un poco las interpretaciones teatrales, como hieráticas, pero conforme avanza la cinta los actores entran cada vez más en su papel y se les nota sueltos y naturales. Entonces la acción y los jugosos y divertidos diálogos se imponen y te entregas al placer de disfrutar de lo que ves, así pasas un magnífico rato con un jovencito Fernando Fernan Gómez.
(1) Frases sacadsas de los diálogos de la película.